Racismo en las elecciones de EEUU

Desde hace unas semanas intento seguir el blog Democracia en América y, en particular, los post de Alberto Acereda. Disfruté mucho con su análisis sobre la existencia de una verdadera democracia representativa en EEUU en la que los congresistas dependen directamente de los ciudadanos que les han votado y no tanto del Presidente de su Gobierno o del líder máximo de su partido político. No pude evitar sentir cierta tristeza al comparar su democracia con la partitocracia española (y en general continental), en la que los diputados se limitan a votar las leyes y propuestas según ordene su jefe parlamentario (lo contrario implica una sanción económica) y su renovación en el cargo depende del aparato que elabora las listas electorales y decide quién contará esa legislatura con un escaño y quién, en el peor de los casos, tendrá que buscarse un sueldo en el sector privado (esto vale tanto para Ferraz como para Génova).

Pues bien, al hilo del post de hoy de Democracia en América, que afirma que McCain todavía tiene opciones de ganar las elecciones, quisiera reflexionar en voz alta sobre algo que nadie parece atreverse a decir. Me refiero al voto racista en los Estados Unidos de América. Es decir, la decisión del voto en función del color de la piel y raza del candidato. 

De un lado, algunos norteamericanos votarán a Obama por ser negro, tanto negros que sueñan con que uno de los suyos alcance la Casa Blanca, como personas de raza blanca que votarán también a Obama, bien sea por los complejos de culpabilidad existentes en relación con el maltrato que se le ha dado a esta raza en los EEUU como porque es lo que dicta en la actualidad la corriente de corrección política (véanse, por ejemplo, la gran cantidad de apoyos de los actores de Hollywood que así purgan el sentimiento de culpabilidad de vivir en sus inmensas mansiones y de llevar toda su vida sin entrar en un barrio negro).

De otro lado, en mi opinión, también existe un voto latente, inconfesable e incorrecto que tal vez no se haya manifestado en las encuestas que votará a la contra. Es decir, en contra de que una persona de raza negra dirija los destinos de su país. Y en este grupo de personas no incluiría sólo al hombre blanco de la América profunda, sino también a otros grupos raciales (chinos, sudamericanos, coreanos, etc.) que pueden tener una cierta aversión a las personas de raza negra.

A pesar de no ser sociólogo, ni conocedor en profundidad de la sociedad norteamericana, sí que he pasado algunas temporadas allí. Y no creo que, salvo tal vez en las grandes ciudades, la regla general sea la integración entre las diferentes razas. En muchas ocasiones los grupos raciales mantienen sus propios lazos sociales, tradiciones y valores diferenciados. Digamos que se respetan pero no se mezclan.

Por todo eso, coincido con Alberto Acereda que esto todavía no se ha acabado…

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